LA ÚLTIMA HAZAÑA DE JORGE RANCHERO AGUILAR

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AUTOR. Redacción


Apena dos años antes en la plataforma del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Jorge Ranchero Aguilar, ataviado con su traje de charro deba la bienvenida en nombre del pueblo mexicanos a Juan Pablo II . El 27 de enero de 1981, en la Plaza de Tientas de Coatzamaluca, daba con dignidad la bienvenida a la muerte.

Soy Juan Antonio González Pérez, tlaxcalteca nacido en la hacienda de Coaxomulco, ganadería cuyas reses bravas han dado prestigio a nuestro estado y a México. Escenario de grandes acontecimientos uno de los cuales vivido por mí, me permito relatar.

Jorge Aguilar González “El ranchero” y primo hermano mío, cuya fama torera traspaso fronteras, nacido en la ex-hacienda de Piedras Negras en el año de 1928. Fue hijo de don Gabriel Aguilar y de doña Ignacia González, hermana de mi padre, don Felipe González González, por más de 70 años ganadero de Coatzamaluca.

El 27 de enero de 1981 esperamos al “Ranchero” , tentador oficial de la ganadería de mi padre, para la tienta que se realizaría esa misma mañana. Con mi padre y con migo estaban mis hermanos Felipe y José María .Al filo de las 11 de la mañana llegó Jorge acompañado del matador español Lazaro Carmona y después de los saludos de rigor se mudó de ropa, se puso sus zahonas y se plantó en la plaza de tientas. Desde su palco mi padre dio la orden de salida a la primera becerra:

¡Échala Manuel…!
Previamente colocamos en distintos burladeros, auxiliábamos al matador, un servidor y Lázaro Carmona. La becerra, bravísima, fue toreada por Jorge con el capote y colocad en su suerte para que la picara el Zotoluco, quien le pego con ganas cuatro pullazos. Había emoción y mi padre, con todo esmero, calificaba desde su palco al animal.

Ya con una muleta, Jorge pidió permiso al ganadero siguiendo la tradición y dio cuatro pases por alto fijando perfectamente a ala becerra en el engaño. Después la tomó con la mano izquierda y echó una mirada a mi padre quien emocionado el grito:
-¡Estas puestazo, Ranchero …!

Jorge lidio cinco naturales e un mismo terreno con mover más que las botas, la mano izquierda y al cintura, pero en ese instante, como fulminado cayó el torero precisamente enfrente de donde yo estaba. Pensé que había tropezado y salí de inmediato para quitarle al animal diciéndole:

-¡Arriba…no pasa nada…!

Con el rabo del ojo me percate de que Jorge permanecía tirado y que un hilillo de sangre le salía de un lado de la boca. Mi padre, ya viejo y con mucha experiencia de la vida y de la muerte grito: ¡Este hombre está muerto!. Mientras que con el capote llevaba a la becerra a la zona de toriles, mis hermanos Felipe y José María bajaban de prisa al ruedo.

Todos sabíamos que Jorge padecía del corazón y que siempre llevaba consigno una píldora de nitroglicerina. Felipe a localizó en una bolsa de la camisa del Ranchero y la puso bajo la lengua. mientras que Chema le daba respiración de boca a boca, pero todo fue inútil.

Mi padre mi dio instrucciones de llevarlo de inmediato a Apizaco para que un médico lo atendería. Metí la reversa del coche que traía Jorge y lo colocamos en el asiento trasero. Carmona me acompaño a mi lado, en el delantero.

En el camino, rumbo a Apizaco varias veces pregunté a Lázaro si respiraba contestándome siempre que no. Lázaro le dio masaje en su corazón pero inútilmente. Nos cruzamos con mi tía Carlota que se dirigía a la tienta con otros individuos pero ni me detuve. Ya en Apizaco me dirigí al sanatorio de Jesús donde el doctor León, enterado de lo acontecido salió con una jeringa para inyectarlos directamente en el corazón. Después de auscultarlo dijo: “Este hombre está muerto, nada se puede hacer”. Marce, mi mujer, quien se había adelantado para buscar oxigeno llegó en ese momento con un sacerdote que le administro la extremaunción. Decidimos llevarlo a la funeraria.

Más tarde, por teléfono, mi padre comunico la noticia a Teresita Muñoz, ahora Viuda de Aguilar y en pocos minutos medio mundo se enteró de que Jorge Aguilar “El Ranchero”, había muerto de un infarto cardíaco, toreando como un maestro en la ganadería de Coatzamaluca.
Paso así a formar parte de la leyenda de los grandes hombres tlaxcaltecas.

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