EL TORO BRAVO DE TLAXCALA

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AUTOR. Redacción


Historia de Jorge “Ranchero Aguilar”

La fiesta brava se inicia en México con la llegada de los conquistadores. Don Artemio de Valle Arizpe consigna que el primer ganadero de Nueva España lo fue Hernán Cortes y que la primera corrida de toros, aunque distinta a como la conocemos ahora, se dio en su honor en Coyoacán. En un principio , las reses bravas eran utilizadas como guardines de las tierras que los españoles arrebataron a las tribus nativas. El ganado de lidia pertenece a la especie de los bovinos. Su característica de rumiantes y su filosofía semejante los hace iguales al ganado de carne o leche, aunque el de lidia es más rústico y no se le puede tener estabulado, requiere de una extensión considerable para su buen crecimiento y desarrollo.

Desde tiempos inmemorables los griegos lo utilizan ya para sus festejos en Creta, morrillo en rehilete para hacerlos más festivos. Se cree que este utensilio es el origen de las banderillas.

Quien explota el ganado de lidia deberá terne muy en cuenta el adecuado manejo de las instalaciones, sanidad en los programas de vacunación, desparasitación y una alimentación que satisfaga las necesidades de becerreros , novillos, toros y vacas de vientre.

Así, la crianza del ganado bravo, la consideramos un verdadero arte de su nacimiento, pues el “Empadre” o cruza debe de ser cuidado celosamente. Las vacas no pueden cruzarse como las de engorda, sino que el ganadero deberá saber la procedencia e historial de cada una y con cual semental echarla. Una vez nacidas la crías, los primero ciudadanos estarán a cargo de su madre hasta llegar a la faena del herradero.

En una corraleta se van soltando de dos a tres becerrillos, que envisten un gran empuje y tratan de derribar todo lo que encuentran a su paso. Los capolares deben de aislarlos del cuello hasta derribarlos para ser marcados con el fierro de la ganadería, y del año en que nacieron. Las marcas se practican con fierros al rojo vivo tras ser calentados en una fogata. Concluida la faena se doran a la brasas papas tiernas y elotes que degustan el ganadero, sus peones, familiares e invitados que, por lo general llegan con su itacate por lo que en la comida hay un gran intercambio de sabores.

A los dos años de nacidas las becerritas son “tentadas” en una ceremonia en la que participan figuras del toreo, novilleros o hasta ganaderos aficionados al toreo. La tienta se lleva a cabo en la plaza de la misma ganadería y mediante de ella da cuenta de la bravura, del estilo, de qué lado embiste mejor la vaquilla , por lo que es calificada en una escala del 1 al 10. Cuando la vaca califica en menos de 6 es destinada al rastro, decisión que es lamentable para el propietario, pero que sirve para no tener que lamentar después, una crías pésimas de la vacas que obtuvieron un pésima baja calificación.

Durante la tienta los asistentes deben guardar absoluto silencio para que le animal no se distraiga y pueda engañar al dueño. Así el ganadero decide cuál animal será destinada al vientre y cual no. Terminada la tienta que puede ser de cinco a diez vacas, se sirve una comida en la casa del ganadero, en la que por tradición, puede paladearse un regio cordero al pulque, gusanos de maguey en temporada, tlatloyos de haba de los de Consuelito, de Tlaxco, con una fresca cerveza y como postre titilla de durazno.

El trabajo de campo es duro y a veces ingrato, ya que, después de que el ganadero vigila con esmero el crecimiento de los novillos llega la hora de la verdad. Si el animal es seleccionado para una novillada será lidiado por jóvenes que aspiran a la grandeza de un Manolete; pero de llegar a la mayoría de edad, podrán figurar en una corrida de toros formal y lidiados por verdaderos matadores que tratan de sacar el mayor provecho.

La corrida representa los momentos más angustioso de la vida del ganadero, pues su ilusión de tres o cinco años ha sido que si toro ponga en alto la divina de su sueño. Si el matador le hace una gran faena podrá cortar orejas y rabo y si mayor es la gloria, se sueña con el indulto, máxima aspiración que pueda tener criador alguno, de ver a su semental padrear por los potreros.

Actualmente el estado de Tlaxcala cuenta con más 35 ganaderías de reses bravas. En los cascos de las antiguas haciendas se escuchan aún las historias fraguadas a lo largo de su devenir. Leyendas de amor o de terror, orígenes, raíces y tradiciones; leyendas contadas en días antiguos, por las tardes cuando concluidas las labores del campo la familia se reunía a saborear un rico chileatole, los aromáticos tlaxcales o el champurrado calientito.

De todo está cuajada nuestra niña Tlaxcala.

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