VIDEO | El Papa canoniza en el Vaticano a los niños mártires de Tlaxcala

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AUTOR. ABC ES NOTICIA


El Papa Francisco canonizó este domingo 15 de octubre, en la Plaza de San Pedro del Vaticano, a Cristóbal, Antonio y Juan, los “Niños Mártires de Tlaxcala”, asesinados por odio a la fe en México entre 1527 y 1529, junto a otros 32 beatos.

Tras escuchar al Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Cardenal Angelo Amato, para que los 35 beatos fueran inscritos en el libro de los santos, se procedió a leer sus biografías y a pronunciar la letanía de los santos.

A continuación, ante una Plaza de San Pedro llena de miles de peregrinos y engalanada con los estandartes de los nuevos Santos, el Santo Padre leyó la siguiente fórmula de canonización:

“En honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocado en numerosas ocasiones la ayuda divina y escuchado el consejo de muchos de nuestros hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santos y Bienaventurados a:

André de Soverla

Ambrosio Francisco Ferro

Mateus Moreira y a 27 compañeros suyos

Cristobal, Antonio y Juan

Faustino Míguez

Angelo da Acri

y los inscribimos en el Libro de los Santos, estableciendo que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Invitados al banquete del Reino

Posteriormente, durante su homilía, el Papa Francisco comparó la relación de la Iglesia con Dios con la de unos esposos: “nuestra relación con Dios no puede ser sólo como la de los súbditos devotos con el rey, la de los siervos fieles con el amo, o la de los estudiantes diligentes con el maestro, sino, ante todo, como la relación de la esposa amada con el esposo”.

“El Señor nos desea, nos busca y nos invita, y no se conforma con que cumplamos bien los deberes u observemos sus leyes, sino que quiere que tengamos con él una verdadera comunión de vida, una relación basada en el diálogo, la confianza y el perdón”, afirmó.

El Papa destacó que la vida cristiana es “una historia de amor con Dios”. En ella, “el Señor toma la iniciativa gratuitamente y ninguno de nosotros puede vanagloriarse de tener la invitación en exclusiva; ninguno es un privilegiado con respecto de los demás, pero cada uno es un privilegiado ante Dios”.

Es de ese “amor gratuito, tierno y privilegiado” de donde “nace y renace” la vida cristiana. El Santo Padre llamó a conservar ese amor, porque “si se pierde el amor, la vida cristiana se vuelve estéril, se convierte en un cuerpo sin alma, una moral imposible, un conjunto de principios y leyes que hay que mantener sin saber por qué”.

Una de las consecuencias de perder la conciencia del amor de Dios es la rutina, el caer en “una vida cristiana rutinaria, que se conforma con la ‘normalidad’, sin vitalidad, sin entusiasmo, y con poca memoria”.

A partir del Evangelio del día, en el que se cuenta la parábola del esposo que invita a su boda a sus amigos y familiares, pero muchos rechazan la invitación, el Pontífice advierte del peligro de dar la espalda al amor, de rechazar la invitación del esposo, la invitación de Jesucristo.

Los invitados que rechazaron la invitación lo hicieron porque estaban ocupados con sus tierras, sus negocios. Francisco destacó la palabra “sus”. “Es la clave para comprender el motivo del rechazo”.

“En realidad, los invitados no pensaban que las bodas fueran tristes o aburridas, sino que sencillamente ‘no hicieron caso’: estaban ocupados en sus propios intereses, preferían poseer algo en vez de implicarse, como exige el amor”.

Es una actitud egoísta la que lleva a dar “la espalda al amor, no por maldad, sino porque se prefiere lo propio: las seguridades, la autoafirmación, las comodidades… Se prefiere apoltronarse en el sillón de las ganancias, de los placeres, de algún hobby que dé un poco de alegría”.

“Así se envejece rápido y mal porque se envejece por dentro”, advirtió el Papa. “Cuando el corazón no se dilata, se cierra. Y cuando todo depende del yo, se acaba siendo personas rígidas y malas”.

Frente a ese rechazo, frente a esa humillación de aquellos que fueron distinguidos con la invitación, el esposo sigue invitando, pero esta vez invita a todos aquellos que se encontraban en los cruces de los caminos. “Dios, frente a las injusticias sufridas, responde con un amor más grande”.

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