Los títeres, el oficio de la fantasía que se niega a morir

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AUTOR. ABC ES NOTICIA


Miriam Castrejon Matadamas |

El arte toma fuerza con la familia Rosete Aranda, que en 1835 ofrececía en México presentaciones en casas, y más tarde en festejos locales y de carácter oficial

El arte de manipular muñecos con hilos o manos se remonta a cientos de años atrás, y tiene sus orígenes en la religión, aunque en los últimos años ha tomado fuerza gracias a la curiosidad que les causa a los pequeños conocer “algo nuevo”, alejado de la tecnología.

De acuerdo con algunas páginas de compañías teatreras (Baúl Teatro y Cartelera de Teatro), los títeres, en sus inicios, eran usados para representar dramas religiosos, esto debido a que el arte viene de la mano con el teatro, cuyas representaciones inevitablemente eran litúrgicas.

El origen de estos muñecos se sitúa en Egipto, donde se tienen registros de figuras de madera o de marfil que se manipulaban con cuerdas, poco después llegaron a Grecia, en donde figuraba Photeinos, un titiritero con permiso especial para dar representaciones públicas.

Así existen infinidad de textos que hablan sobre los inicios de los títeres o marionetas, cuya diferencia solo radica en el origen de la palabra, la primera española y la segunda francesa; sin embargo, la mayoría de ellos solo trata sobre culturas orientales y occidentales, realmente son pocos los que hablan sobre la llegada de estos muñecos a México.

De acuerdo con Elvia Mante y César Tavera, fundadores de Baúl Teatro, con la llegada de los españoles vino, entre otras cosas, el entretenimiento, ya que junto con Hernán Cortés venía “otro que jugaba de manos y hacía títeres”, relata Bernal Díaz del Castillo en su libro “Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España”.

Después de la Conquista, la historia de los muñecos continuó en la época de la Colonia con un famoso titiritero, Antonio Farfán, quien fue perseguido por la Santa Inquisición debido a que realizaba actos de adivinación.

Al transcurrir de los años, el arte tomaba fuerza, y una de las grandes compañías a la que se le atribuye un largo pasaje de la historia de los títeres mexicanos es a la familia Rosete Aranda, que en 1835 aproximadamente, hacía sus representaciones, primero en casas, posteriormente en festejos locales hasta llegar a celebraciones oficiales.

Cuando la Compañía Rosete Aranda se consolidó, sus espectáculos ya iban a un nivel más alto, donde llegaron a presentarse para entretener a varias personalidades del Palacio de Gobierno como el presidente Benito Juárez.

Varios años después su nombre pasó a ser Compañía Nacional de Autómatas Hermanos Rosete Aranda, y en esta época (1900) su adquisición de figuras o marionetas rondaba entre las cinco mil 104.

Luego de la muerte de los fundadores, la compañía decayó un tiempo, sin embargo logró mantenerse varios años más gracias a su descendencia. Aunque hoy en día Rosete Aranda ya no existe, parte de la colección se expone en algunos museos como el Museo San Rafael Coronel de Zacatecas o el Museo Nacional de Títeres de Humantla, Tlaxcala.

Sin embargo, el arte del titiritero no ha muerto, hoy en día existen diversos negocios que se dedican a entretener a pequeños y grandes con esto muñecos, uno de ello es Títeres Leo, cuyo dueño Leonardo Lemus ha llevado la tradición familiar luego de que su abuelo, un escultor santero trabajó con la familia Rosete Aranda y le enseñó el oficio a su hijo, quien después se lo heredó al señor Leonardo Lemus y a su vez éste se lo inculcó a su descendencia.

En la actualidad, existen diversos tipos de títeres que se engloban a grandes rasgos como títeres de hilo, teatro guiñol y teatro de títeres, que a su vez se clasifica como títeres de guantes, de varillas, de sombras y marionetas.

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